Tu nombre puede ser una buena marca comercial.

El nombre de una persona puede ser también una marca comercial. De hecho, esto es especialmente importante en aquellos servicios en los que el proveedor ofrece atención personal al cliente —consultorías, por ejemplo— escenario en el cual se reviste de gran importancia la relación cliente – proveedor y la figura de autoridad de este último entra en juego.

Este entorno mercadológico es mucho más frecuente de lo que uno en principio puede imaginar, por lo que cabe reflexionar con toda seriedad, estando en el sector de los servicios, si la personalidad del profesional es un ingrediente importante en el éxito de su marketing y si debería registrar su nombre como marca.

Ejemplos muy claros de esto son los diseñadores de modas, por supuesto, cuyos nombres llegan a cargarse de un profundo significado para sus consumidores meta: Calvin Klein, Carolina Herrera, Balenciaga, Donna Karan, Dolce & Gabbana, Coco Chanel y Bill Blass son solo algunas de las marcas más famosas formadas por los nombres de los diseñadores.

Pero uno no tendría que dedicarse al negocio de la moda, al arte, la música o el diseño para dar a su nombre el carácter de una marca. Si el mercadeo de nuestros servicios implica un sello personal es muy recomendable que el profesional considere a su propio nombre como un elemento de comunicación, una inversión a cultivar.

Bajo esta óptica los siguientes profesionales deben registrar sus nombres:

• Consultores diversos: psicólogos, médicos, astrólogos, consultores de imagen y abogados.

• Diseñadores: arquitectos, diseñadores gráficos, artistas plásticos, diseñadores de modas y de peluquería.

• Artistas: los músicos y cantantes de todo género, actores y actrices, compositores y directores de orquesta.

• En la cocina: los chefs, los pasteleros, cocineros o cocineras y sommeliers.

• En la enseñanza: los escritores, conferencistas y motivadores, los capacitadores e investigadores diversos.

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¿Por qué es conveniente registrar tu nombre?

La historia del marketing nos muestra un sinnúmero de ejemplos donde una persona llega a construir una gran figura de autoridad y su nombre se transforma en un instrumento para la comercialización de una serie de productos derivados de lo que originalmente fuera un servicio personal:

• Los peluqueros y estilistas lanzan su línea de champús y tratamientos para el cabello.

• Los arquitectos ofrecen su colección de muebles contemporáneos y accesorios decorativos.

• Las consultoras de imagen complementan sus servicios con una línea de cosméticos de firma y fragancias exclusivas.

• Un sastre que originalmente confecciona trajes para hombre a la medida lanza una línea de corbatas y pañuelos en telas con estampados originales a juego.

• Una chef ofrece toda una línea de postres y alimentos diversos empacados, en lo que un sommelier publica un libro sobre catas y maridajes o diseña una cosecha especial de vinos tintos.

En todos estos escenarios de la mercadotecnia cobra una gran importancia la figura de autoridad de quien en principio ofrece un servicio, en el cual su palabra, su orientación personal o su experiencia dan un valor especial a su oferta y podrían derivar posteriormente en el lanzamiento de muy diversos productos de consumo que portarán su nombre.

Foco moderno LIL

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